El Papa Francisco, en el Parlamento Europeo y la Comisión.

Palabras del Papa Francisco en el Parlamento Europeo.

El Papa Francisco ha pronunciado un histórico discurso ante el Parlamento Europeo, siendo la primera vez que un Papa visita esta institución desde que lo hiciera San Juan Pablo II en 1988.

En sus palabras, destaca su referencia a la soledad como una de las «enfermedades más extendidas en Europa, algo que se ha agudizado por la crisis económica«. También ha denunciado «algunos estilos de vida un tanto egoístas, caracterizados por una opulencia insostenible y a menudo indiferente respecto al mundo circunstante, y sobre todo a los más pobres«.

Otra de sus críticas ha sido contra la «cultura del descarte«, basada en el economicismo que convierte a las personas en simples elementos de consumo y producción. Quedando, así pues, descartadas cuando dejan de ser útiles en ese sentido, como ocurre con enfermos terminales, ancianos abandonados o niños asesinados antes de nacer.

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Discurso del Papa Francisco en la Eurocámara

Las injusticias y las persecuciones a minorías religiosas también han sido objeto de su discurso. En concreto, ha recordado a todos aquellos que han sufrido la expulsión de sus hogares o han sido vendidos como esclavos. Recordando, a su vez, un incontable número de personas que por motivos religiosos o raciales han sido asesinadas, decapitadas, crucificadas o quemadas vivas. De todo ello, el Papa ha hecho cómplices silenciosos a quienes no defienden sus derechos.

El Papa Francisco también ha dirigido un discurso al Consejo de Europa.

La paz ha sido el eje central del discurso que el Papa Francisco ha dirigido a los representantes del Consejo de Europa. Y se ha referido, entre otras muchas cuestiones, al conflicto que sufre la población de Ucrania, diciendo «¡cuánto dolor y cuántos muertos se producen todavía en este Continente, que anhela la paz, pero que vuelve a caer fácilmente en las tentaciones de otros tiempos!«. Advirtiendo así del riesgo que supone la guerra que tiene lugar en la Europa del Este.

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Ante la Comisión, ha criticado el tráfico de seres humanos y de armas, dos de las plagas más graves que sufre la humanidad contemporánea. Ha relacionado estos crímenes al culto a la opulencia, de aquellos que se mueven únicamente por motivos individuales, algo que lleva al «descuido de los demás, y a fomentar esa globalización de la indiferencia que nace del egoísmo«.

La salida que propone el Papa Francisco es utilizar los recursos que tiene Europa. Se trata de comprobar si el «patrimonio humano, artístico, técnico, social, político, económico y religioso de Europa es un simple retazo del pasado para museo, o si todavía es capaz de inspirar la cultura y abrir sus tesoros a toda la humanidad«.

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Y todo ello sin olvidar su rico patrimonio religioso. Recogiendo así ideas de San Juan Pablo II y de Benedicto XVI, el Papa señaló que «razón y fe, religión y sociedad, están llamadas a iluminarse una a otra, apoyándose mutuamente y, si fuera necesario, purificándose recíprocamente de los extremismos ideológicos en que pueden caer«.

Por último, el Papa Francisco ha recordado el drama que viven los inmigrantes, los parados y especialmente los jóvenes sin empleo, que provoca que en muchos países exista una «hipoteca para el futuro«. También ha mencionado a los numerosos «pobres que viven en Europa. ¡Cuántos hay por nuestras calles! No sólo piden pan para el sustento, que es el más básico de los derechos, sino también redescubrir el valor de la propia vida«.

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