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Resto.

AT.

Dios promete a Abraham una descendencia “numerosa como las estrellas del cielo” (Gén 15,5), y por la boca de Amós advierte a Israel: “Como el pastor salva de las fauces del león dos patas o un trozo de orejas, así serán salvados los hijos de Israel” (Am 3,12). Dios “quiere que todos los hombres se salven” (1Tim 2,4) y anuncia que en el momento de la gran tribulación “si no se acortasen por razón dé los justos los días de la aflicción, nadie sería salvo” (Mt 24,22). Este resto, perdonado por el paso del juicio, constituye un elemento esencial de la esperanza bíblica. La idea se relaciona con la experiencia de las guerras y de sus matanzas. El aniquilamiento del vencido, tan frecuentemente practicado (documentos asirios, estela de Mesa), planteaba a Israel el problema de la vida futura y por tanto del valor de las promesas divinas.

Según el contexto la palabra puede caracterizar la amplitud de la catástrofe (“sólo sobrevivió un resto”, Is 10,22 “ni siquiera un resto”, Jer 11,23), o evocar la esperanza que – subsiste, con la supervivencia de un resto (Jer 40,11). El tema aparece con las catástrofes del siglo 1x (cf. 1Re 19,15-18), pero tiene su prehistoria: Noé (Gén 6,5ss.17s), calificado corno resto en Eclo 44,17, los castigos de Israel en el desierto, que hacen desaparecer a una parte importante del pueblo (Éx 32,28; Núm 17,14; 21,6; 25,9).

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1. Antes del exilio.

Según Amós, así como los restos actuales han reducido el pueblo a algunos sobrevivientes (Am 5,15), así los castigos futuros, vistos en la perspectiva del juicio escatológico, reducirán a Israel a un puñado (3,12; 5,3). Como un tamiz, dejarán que se pierdan los pecadores y sólo conservarán a los justos (9,8ss).

Según Isaías, el resto participará de la santidad de Yahveh (Is 4,3; cf. 6,3), fuego destructor para los impíos, pero para los otros llama luminosa (10,17) y purificadora (1,25-28). Este resto, obra de Yahveh (4,4), se apoyará en Dios solo (10,20) por la fe, escapando así al castigo (7,9; 28,16); existe ya en germen en los discípulos del profeta (8,16.18); está constituido sobre todo, a lo que parece por los “pobres” (14,32), como lo afirmará claramente un oraculo (Sof 3,12s), posterior en un siglo. El Mesías, vicario de Yahveh, en torno al cual se reagrupará este resto (10,21: Dios fuerte = el Mesías, cf. 9,5), será su jefe y su gloria (4,2) y también su representante, pues resto y Mesías se describen en los mismos términos (cf. 6,13 y 11,1; 11,2 y 28,5s).

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Con Miqueas, contemporáneo de Isaías, el resto es ya un término técnico que designa al pueblo purificado de los tiempos mesiánicos, convertido en una “nación poderosa” (Miq 4.7). Para los paganos será fuente de ruina o de bendición según su actitud frente a él (5,6ss). Hereda el papel asignado a Abraham y a su descendencia (Gén 12,3).

2. El cambio sobrevenido con el exilio.

Jeremías aoorta a la doctrina del resto un profundizamiento decisivo. Como sus predecesores, sigue dando el nombre de resto a un pequeño grupo de habitantes de Judá, que han escapado a la deportación y viven en tierra santa (Jer 40, 11; 42,15; 44,12; cf. Am 5,15; Is 37,4; Sof 2,7; Jer 6,9; 15,9). Pero los herederos y depositarios de las esperanzas mesiánicas son los deportados (24,1-10). No se los llama “resto” e incluso se los opone a éste (24,8); el lenguaje se mantiene fiel a las costumbres antiguas. Sin embargo, el término se ofrece con toda naturalidad para evocar el futuro de gloria reservado a los deportados (23,3; 31,7). Este resto queda ya disociado de la comunidad temporal, del Estado de Judá.

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Otro profundizamiento proviene de Ezequiel. Antes de él los profetas no parecían distinguir las próximas pruebas y el juicio escatológico que ha de reducir la nación a un resto de justos. Después de la catástrofe de 587, Ezequiel debió comprobar que los supervivientes no eran mejores que los muertos (Ez 6,8s; 12,15s; 14,21ss). Ahora bien, anteriormente había predicho que sólo con los justos se tendría consideración (9,4ss). Por tanto, el juicio escatológico, al que se refería entonces, está todavía por venir (20,35-38: 34,17). Sólo éste separará a los infieles y al resto santo (20,38; 34,20).

3. Los tres tipos de resto.

Así se delinea la distinción entre dos significados de la palabra: la fracción que sobrevive a una calamidad determinada, o resto histórico (Am 5, 15; Is 37,4; Jer 6,9; Ez 9,8; etc.), y la comunidad que en los últimos tiempos será beneficiaria de la salvación, o resto escatológico (Miq 5, 6ss; Sof 3,12; Is 4,4; 10,22; 28,5; Jer 23,3; 31,7; etc.). Sólo este último es santo. El primero no lo es, como no lo es la fracción eliminada.

A partir del exilio aparece una tercera noción, la de una selección religiosa en el interior del pueblo, heredera y depositaria de las promesas. Se la puede llamar resto fiel, aun cuando en el AT no lleva nunca el nombre de resto. Este nombre se le dará en el NT (Rom 11,5) y en ciertos escritos no bíblicos (Documento de Damasco 1,4; 2,11). Se trata, en efecto, sin duda de la misma idea, pero que pasa del plano material al plano espiritual. El resto fiel es la fracción religiosamente viva a los ojos de Dios.

Este resto fiel aparece bajo el nombre de “Israel servidor de Yahveh”, “Israel, en quien me gloriaré” (Is 49,3). Está encargado de una misión para con todo Israel (49,5). En esta selección religiosa emerge una figura individual, que la personifica y encarna sus destinos: el Siervo. Es finalmente él, y él solo, quien realiza con su muerte redentora la misión confiada a este resto (52,13-53,12). Pero a partir de él se produce el movimiento inverso, y no sólo todo Israel, sino también los paganos se integrarán al resto, reducido al solo Mesías (49,6; 53,11).

4. Después del exilio.

La pequeña comunidad de los exiliados regresados a Sión se intitula el resto (Ag 1,12; 2,2; Zac 8,6), y algunos oráculos pueden hacer creer que es éste el resto santo y que las promesas escatológicas (Os 2,23s; Ez 34,26s) se van a realizar en su favor (Zac 8, 1ls). Pero la restauración no es mesiánica sino en forma incoactiva y figurativa, y el resto histórico de después del exilio tiene todavía necesidad de ser purificado (Zac 13,8s; 14,2). La idea del resto fiel va siendo cada vez más neta. El pueblo de Dios se identifica con los “pobres de Yahveh” (Is 49,13; Sal 18,28; 149,4). El salmo 73,1 identifica a Israel con los que tienen el corazón puro. En 1Mac 1,52s, “el pueblo” que designa la masa de Israel es contrapuesto a “Israel”, que es el resto fiel. Los textos proféticos de después del exilio anuncian todavía el resto escatológico (Is 65,8-12; Abd 17 = Jl 3,5), pero introduciendo ahora en él a los paganos (Is 66,19; Zac 9.7).

NT.

En el NT se aplica todavía la palabra al “resto fiel”, a la parte del pueblo de Dios que ha creído en Cristo (Rom 11,5). El tema del resto fiel, único ‘Israel verdadero, está latente en muy numerosos textos del NT (Mt 3,9.12; 22,14; Lc 12,32; In 1,11s; 1,47; Rom 2,28; 1Cor 10,18; Gál 6,16); pero, cesa de tener existencia autónoma. El resto es ahora la Iglesia.

La significación profunda del tema en el plan de Dios la da san Pablo, que en la carta a los Romanos desarrolla una verdadera teología del designio de Dios (Rom 9-11). Gracias al resto que ha creído en Jesucristo, la infidelidad de Israel no acaba con las promesas, y la fidelidad de Dios se mantiene íntegra (Rom 11,1-7). Por otra parte, la existencia de un resto, único depositario de las promesas, manifiesta la absoluta gratuidad de la elección ‘de los individuos, incluso en el marco de la elección del pueblo entero (9,6-18.25-29). Y la elección de una fracción en el interior del pueblo elegido, fracción que finalmente se reduce al solo Mesías, está ordenada a la redención de todos, no sólo de todo Israel (11,26), sino también de los paganos (11,25). Así quedan conciliadas las exigencias aparentemente opuestas de la justicia divina: por una parte castigo del pecado, por otra, fidelidad a la promesa, que él pecado de los hombres no puede frustrar, pero que en todo caso es un don gratuito.

FRANÇOIS DREYFUS

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