«Porque para Dios nada hay imposible»

En el Evangelio del día (Lucas 1,26-38), una de las frases más impactantes es la que encabeza esta entrada: «para Dios nada hay imposible». Lo dice el ángel Gabriel a propósito de Isabel y su embarazo. Considerada estéril, su estado era considerado un milagro.

Para Dios nada hay imposible, Camino Neocatecumenal

«Para Dios nada hay imposible», ¿qué tiene que ver con tu vida?

Si bien en el Evangelio hay muchas otras cuestiones a destacar, me apetecía hoy reflexionar en especial sobre esa frase. ¿Qué aplicación tiene a nuestra vida diaria? ¿realmente somos conscientes de que algo, hoy mismo, en nuestra vida manifiesta como cierta esa afirmación? ¿creemos que, concretamente, hay algo que podamos decir que demuestra que ha podido Dios obrar en nosotros algo milagroso?

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Si la respuesta es negativa, seguramente será porque no hemos estado atentos a lo que Dios ha hecho en nuestra vida con nosotros. Pero si la respuesta es positiva, es posible que nos apetezca compartir con los que nos rodean esa experiencia, esa manifestación de que Dios ha hecho cosas grandes en nosotros.

Dejaré ahora, para ayudar a reflexionar en estas u otras cuestiones, el Evangelio completo de hoy. Es el siguiente:

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

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